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Virgen o Mari
septiembre 302013

El Santuario de la Virgen de Arrate está situado en el monte Arrate, a 556m de altitud sobre la ciudad de Éibar, en el País Vasco. Su actual estructura data del siglo XVII y alberga una imagen gótica, datada en el siglo XIV y diversos lienzos del pintor Ignacio Zuloaga. En las inmediaciones del santuario se localizan otras estructuras pertenecientes al complejo turístico del monte.

Antiguamente era uno de los puntos de descanso de los peregrinos que recorrían el Camino de Santiago. Las primeras noticias del santuario datan de 1498, y se localizan en documentación referente a los montes comunales de la zona, en la que se hace alusión a la Virgen de Arrate. Consta de una sola nave rectangular, con una bóveda artesonada de madera, de la que cuelga un exvoto marinero en forma de pequeño barco. Cierra la nave una reja de hierro, de estilo barroco. Hay una aguabenditera gótica en la entrada proveniente de un edifico anterior.

En el interior se puede contemplar el altar mayor, enmarcado por cuatro columnas salomónicas y presidido por la Virgen de Arrate, de estilo gótico, que pertenece a principios del siglo XIV. A ambos lados de la imagen se sitúan cuatro lienzos del pintor eibarrés Ignacio Zuloaga, que fueron donados por su autor. Sobre la virgen, y coronando el conjunto, se halla una pintura mural de estilo renacentista, presentada como fondo de un Cristo crucificado.

Como en el caso de otras advocaciones marianas, la Virgen de Arrate posee su propia leyenda. Según ésta, se apareció a un pastor y los habitantes decidieron erigir una basílica en su honor. Por la situación geográfica del monte, alejado del núcleo urbano, se decidió construir la iglesia en Azitain, lugar más apropiado, pero cuando habían comenzado las obras, una noche la Virgen se apareció en forma de ángel y trasladó todos los materiales de construcción desde Azitain hasta Arrate, ayudada por unos bueyes y haciendo tres paradas durante el camino, conocidos como los Pasos de la Virgen de Arrate, que actualmente están señalados con tres pequeños humilladeros. La misma leyenda narra que una mujer escuchó ruidos aquella noche, y vio una luz resplandeciente, y quiso ver a través de la cerradura de su casa lo que ocurría: vio a la virgen trasladar la fábrica de la obra, y su curiosidad le costó la vista de aquel ojo.

La leyenda de acarreos de la construcción en la iglesias marianas es muy común en el país y tienen relación con Mari y otros ritos precristianos.

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